En la página FUEGO Y MANIOBRA encontrará la Introducción y capítulos referidos a la guerras en la Edad Media, de la obra del mismo nombre del Dr. Mg. Jorge A.Vigo

18 de diciembre de 2014

FUEGO Y MANIOBRA


LA REVOLUCIÓN MILITAR  


Aunque no se vislumbra aún un acuerdo absoluto acerca de los  sucesos que alimentaron los cambios en el campo militar entre el  siglo XV y el XIX, es unánime referirse al período como el de la Revolución  Militar 39. 
  
Los hechos que perfilan este período están entrelazados de manera  inextricable por lo que es comprensible que su sinergía haya  cambiado completamente la forma de hacer la guerra.   

10 de diciembre de 2014

La frase de la semana.


“Preferiría ver un turbante turco en medio de la ciudad, que a la tiara papal” Lucas Notaras


La frase transcripta, referida a la ciudad de Constantinopla, es una de las varias versiones atribuidas a Lucas Notaras, dignatario bizantino que actuó bajo los tres últimos emperadores, Manuel II, Juan VIII y Constantino XI. Este último lo designó Gran Duque (megas doux), o gran almirante y jefe de la administración del Imperio (mesazon.) El historiador de la época, Doukas, le atribuye este pensamiento, que refleja  su postura decididamente opuesta a la unión de las iglesias romana y ortodoxa. Uno de los argumentos de quienes propugnaban la unión era la ostensible debilidad bizantina frente al irrefrenable avance turco en la región. La oposición, recuerda Runciman, dudaba que Occidente querría o podría prestar ayuda para frenar aquel avance, argumento al que añade “la aversión de los bizantinos a sacrificar su libertad religiosa”. Kenneth Meyer Setton, en su obra “The Papacy and the Levant, 1204-1571: The Fifteenth Century” sostiene que es improbable que Notaras se refiriera directamente al Papa, aunque su sentimiento antipapal representaba el punto de vista de muchos habitantes de Constantinopla (la versión más difundida de la frase hace alusión al “capelo de cardenal”.) Lo cierto es que Notaras combatió con valentía a los turcos durante el asedio que concluiría el 29 de mayo de 1453 con la caída de Constantinopla y el fin del Imperio Bizantino. Cinco días más tarde, fue decapitado junto a dos de sus hijos, seguramente por personas tocadas con un turbante.
© Rubén A. Barreiro 2014

FUEGO Y MANIOBRA

EL RENACER DEL ARTE DE LA GUERRA

EL CENIT Y NADIR DE LA CABALLERÍA MEDIEVAL

La declinación de la caballería no tuvo una causa única ni fue un suceso que aconteciera rápidamente. Se trató de una suma de causas que obligaron a la reformulación de la caballería como elemento de batalla. 

4 de diciembre de 2014

La frase de la semana.


“Señores, sóis mis hombres, mis compañeros y mis amigos: en esta jornada os pido muy especialmente que me llevéis tan adelante como podáis, para poder asestar un golpe con mi espada”.  Juan de Luxemburgo, rey de Bohemia.



Crécy-en-Ponthieu, 26 de agosto de 1346. Se enfrentan los ingleses de Eduardo III a los franceses y sus aliados, al mando de Felipe VI. Entre estos últimos se encuentra Juan de Luxemburgo, rey de Bohemia, quien pocos días antes cumplió sus cincuenta años. Es ciego. Su hijo, el futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos IV, ya está en el combate. Entonces, Juan pide, con la frase transcripta, que lo lleven a la lucha. Cuenta Froissart, el gran cronista de la época, que rodearon a Juan “muchos buenos caballeros…quienes, para ocuparse de él y no perderlo en la confusión de la pelea, se enlazaron todos entre sí por el freno de sus cabalgaduras, poniendo al rey por delante para cumplir mejor con su deseo, y así se lanzaron sobre el enemigo… Juan fue tan adelante sobre el enemigo, que recibió un golpe de espada, o tres, o cuatro. Y quienes tan bravamente lo servían, también quedaron allí, siendo encontrados al siguiente día, yaciendo alrededor de su señor y de sus caballos, todos entremezclados”. Los restos del bravo rey de Bohemia yacen, luego de ser llevados y traídos a lo largo de los siglos en una casi novelesca historia, en la Catedral de Notre-Dame, en Luxemburgo. En Crécy, un monumento señala el lugar donde habría caído, y en una plaza de la pequeña ciudad se lo recuerda junto con quienes cayeron aquella tarde lluviosa de 1346.

©Rubén A. Barreiro texto y fotografía 2014

1 de diciembre de 2014

El Combate de los Treinta 



Tercera Parte


III.        Los hechos. El combate. Después de oír misa, los contendientes se dirigieron al lugar del encuentro, donde estaban reunidos en gran número pobladores de los alrededores, dispuestos a presenciar el poco común episodio (los integrantes de uno y otro bando les advirtieron acerca de que debían abstenerse de intervención alguna; asimismo, hicieron que se retiraran “bien lejos” del lugar donde se libraría el combate.) Había también una buena cantidad de asistentes de los guerreros: palafreneros, sirvientes, heraldos que portaban los estandartes de sus señores, mires (médicos), etc.