En la página FUEGO Y MANIOBRA encontrará la Introducción y capítulos referidos a la guerras en la Edad Media, de la obra del mismo nombre del Dr. Mg. Jorge A.Vigo

7 de agosto de 2015

La victoria de Belisario en Palermo y la recuperatio de Sicilia (535 DC). 

Primera Parte

Mg. Rubén A. Barreiro

I
El 31 de diciembre de 535, el general Flavio Belisario “después de haber recuperado la totalidad de la isla para los romanos, entró en Siracusa, ruidosamente aclamado por el ejército y por los sicilianos, a quienes arrojaba  monedas de oro al azar”. Así narraba Procopio de Cesárea, el gran cronista de las guerras de Justiniano, la culminación victoriosa de la campaña para la reincorporación de Sicilia al Imperio Romano. En realidad, la campaña en cuestión no pasó de ser poco más que un paseo de ciudad en ciudad de la isla, partiendo de Catania, lugar en el que Belisario había desembarcado con sus fuerzas durante el verano de 535. De allí partió a la próxima Siracusa, que capituló sin resistencia y en la cual Belisario estableció su cuartel general. De allí en más, una a una las ciudades a las que arribaban las fuerzas de Belisario se iban entregando de buen grado, facilitando la actitud de la población la escasa o nula presencia de tropas ostrogodas. Ya nos hemos ocupado en otro lugar, con mayor detalle, de las alternativas de la ocupación de Sicilia.

23 de julio de 2015

Las guerras de Bizancio y sus consecuencias territoriales

Mg. Rubén A. Barreiro

2c.      De la formación del Imperio a las guerras de Justiniano (Parte III)

La Guerra Gótica. Antecedentes. En 454 los ostrogodos se establecieron en Panonia y por primera vez lo hicieron dentro de las fronteras del Imperio Romano. Lo hicieron en carácter de foederati por el acuerdo que habían concluido con el emperador Marciano. Poco a poco, Teodomiro, rey de los ostrogodos y su hijo Teodorico, comenzaron a ocupar vastas territorios en los Balcanes, llegando a amenazar a Constantinopla. En una decisión que revela una vez más la pericia diplomática bizantina, el emperador Zenon, convencido de que esta presencia en las provincias ilíricas podría ser “una fuente constante de conflicto y peligro”, envía a Teodorico -quien en 483 ya había alcanzado la codiciada designación de magister militum- a Italia para derrocar al Odoacro, primer rey bárbaro de

3 de julio de 2015

Las guerras de Bizancio y sus consecuencias territoriales (I)


Mg. Rubén A. Barreiro


2b.      De la formación del Imperio a las guerras de Justiniano (Parte II)

La recuperatio imperii en ejecución. Como ya se ha dicho, Justiniano se había propuesto restaurar en su grandeza el Imperio Romano, desalojando para ello a los bárbaros que se habían enseñoreado en lo que había sido el Imperio de Occidente. En Italia, los ostrogodos. En África del Norte, los vándalos. En buena parte de Galia, los francos. En España los visigodos. Ya emprendidas las acciones para ello, en abril de 536 y luego de caer Sicilia en manos del general Belisario, en una de las Novelas, Justiniano incluye un párrafo que es la declaración formal de su propósito. Dice allí: “Dios nos ha concedido la paz con los persas, hacer de los vándalos, alanos y moros nuestros súbditos, y apoderarnos de toda África y Sicilia, y tenemos buenas esperanzas que Él nos permitirá establecer nuestro imperio sobre el resto del territorio que los romanos de entonces dominaron de uno a otro océano y que perdieron por su negligencia” (EVANS, The Age, 126).

16 de junio de 2015

La frase de la semana.


“Abriré una brecha en la línea. Cuiden, mis queridos paisanos y confederados, de mi esposa y de mis hijos…” Arnold Winkelried, en la batalla de Sempach.


El 9 de julio de 1386 se libró la batalla de Sempach, a pocos kilómetros de Lucerna, en Suiza. Allí se enfrentaron los confederados de los cantones de Lucerna, Uri, Schwitz y Unterwald con las tropas del duque Leopoldo III de Habsburgo, integradas por caballeros austriacos y otros de diferente procedencia, así como mercenarios italianos, franceses y alemanes. Se dirimiría en ella la predominancia de uno u otro bando en los territorios situados al sur del Alto Rhin (coincidente con la parte central de la Suiza actual). Ese día la caballería del duque, que avanzaba por la comarca hacia Lucerna y sus alrededores, se encontró inesperadamente con las fuerzas confederadas, inferiores en número. No obstante, estas quedaron dueñas del campo luego de una lucha con diversas alternativas. Winkelried pronunció su frase al cargar contra las lanzas austriacas, atrayéndolas sobre sí de tal manera que sus camaradas pudieron aprovechar la brecha creada por su acción, venciendo al adversario. Con la victoria, desalojar a los austriacos del territorio que ambicionaban sería cuestión de poco tiempo. 

Pero la acción de Winkelried forma parte de los denominados “mitos fundacionales”, los que “pertenecen al género literario de las leyendas, mezclando tradiciones locales y sujetos narrativos de diversos orígenes”. Entre los “grandes mitos” de la antigua Suiza, el del sacrificio de Winkelried se suma, por ejemplo, al del “héroe legendario” Guillermo Tell y a ciertos episodios como el “juramento de Grütli” y la destrucción de los castillos austriacos en la misma época. Nunca se ha podido establecer la relación entre estos relatos y los hechos reales. En el caso de Sempach, en las crónicas contemporáneas de la batalla ni Winkelried ni la hazaña que se le atribuye son mencionados. Recién hacia 1476 aparece una mención al hecho en sí y sólo en 1533 aparece Winkelried como su protagonista, y la frase con la que fue a la muerte por su tierra. 

Es en los momentos difíciles e inquietantes de una nación, cuando el potente simbolismo de estos mitos y leyendas contribuye a crear sentimientos profundos de pertenencia y motivación para enfrentar la emergencia: consumada la ofensiva alemana de 1940 con la caída de Francia, y ante la casi certeza de que el próximo objetivo de Hitler sería Suiza, el General Henri Guisan, al mando del movilizado ejército helvético, reunió a sus oficiales pidiéndoles juraran defender el suelo patrio a toda costa. Y lo hizo convocándolos en la mítica y simbólica pradera de Grütli…

© Rubén A. Barreiro 2015

5 de junio de 2015




Las guerras de Bizancio y sus consecuencias territoriales (II)

Mg. Rubén A. Barreiro


2b.      De la formación del Imperio a las guerras de Justiniano (Parte II)
 
 

La secuencia, procedimiento que iremos repitiendo a lo largo de este 

trabajo, sitúa el periodo tratado con relación al anterior y al que le sigue, 

mostrando los cambios territoriales.